22 Agosto 2026
“¿Me querés arruinar la vida a mí? Bueno, que se arruine la de todos. Sí, que estalle”.
—¿Que estalle qué?
—“La economía, sí, que estalle”.
La frase, pronunciada tiempo atrás, hoy adquiere una particular relevancia. Porque cuando la economía estalla, no le explota en la cara a todos por igual: algunos pierden el trabajo, ven caer sus ingresos y no llegan a fin de mes, mientras que otros encuentran oportunidades de negocio en medio del ajuste.
Y para quienes votaron a Javier Milei creyendo en sus promesas, la realidad puede resultar bastante más incómoda que cualquier discurso.
Milei no les dijo a sus votantes que iban a pagar el costo del ajuste. Todo lo contrario. Prometió que “la casta iba a pagar”, que los jubilados no serían los perjudicados y que los salarios iban a recuperar su poder adquisitivo, incluso llegando a cobrar en dólares.
También prometió crecimiento, prosperidad y una transformación económica que iba a beneficiar a la sociedad. Hoy, muchos de quienes confiaron en esas promesas esperan todavía aquella mejora que nunca termina de llegar.
Milei dice que está haciendo exactamente lo que prometió. Y, en parte, tiene razón: prometió la motosierra y la aplicó; prometió reducir el Estado y avanzó en esa dirección.
Pero hay una diferencia enorme entre lo que prometió y quién terminó pagando la cuenta.
El ajuste terminó golpeando a jubilados, trabajadores, personas con discapacidad y amplios sectores de la sociedad. Mientras tanto, el poder económico encuentra nuevas oportunidades para hacer negocios en medio de este proceso.
Y como si fuera poco, el Gobierno tiene como ministro de Economía a Luis Caputo, quien ya tuvo un papel central en el endeudamiento durante el gobierno de Mauricio Macri y que volvió a ocupar el mismo cargo con Milei. Una deuda que seguirá condicionando al país durante décadas y que, por su magnitud, difícilmente puedan terminar de pagar siquiera generaciones que todavía no nacieron.
Mientras tanto, seguimos esperando los salarios en dólares, el crecimiento “con y sin plata”, la recuperación que iba a llegar después del sacrificio y tantas otras promesas que fueron parte del relato electoral.
La ironía es que muchos de quienes votaron para “cambiar todo” son hoy los que sienten en sus propios bolsillos las consecuencias de ese cambio. Y lo más preocupante es que todavía hay quienes siguen esperando que, en algún momento, llegue aquello que les prometieron.
El problema es que también dijo que la casta iba a pagar el ajuste. Y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿quién está pagando realmente?
La respuesta está en los jubilados, en los trabajadores, en las personas con discapacidad y en millones de argentinos que deben afrontar un costo de vida cada vez más difícil de sostener.
Mientras tanto, los grandes grupos económicos, determinados sectores empresarios y quienes hacen negocios alrededor del nuevo modelo parecen estar bastante más cómodos.
Sabían lo que votaban, se suele decir. Pero quizás muchos no entendieron algo fundamental: una cosa es votar por el ajuste creyendo que lo va a pagar otro y otra muy distinta es descubrir que el ajuste también llega a tu propia casa.
Milei tiene razón en algo: prometió cambiar el modelo y lo está haciendo. La pregunta es para quién funciona ese modelo y quién termina pagando la cuenta.
Y ahí es donde el video vuelve a cobrar sentido:
“Avisó. No quisieron escucharlo”
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