22 Abril 2026

En distintos barrios de Avellaneda, el trueque dejó de ser un recuerdo del pasado para convertirse nuevamente en una herramienta de supervivencia. Vecinos de zonas como Wilde, Villa Corina y Sarandí organizan intercambios de alimentos, ropa y productos básicos ante la caída sostenida de sus ingresos.

Este fenómeno no aparece de manera aislada, sino como consecuencia directa del deterioro económico que atraviesa el país. La inflación persistente, la pérdida del poder adquisitivo y el ajuste impulsado por el gobierno de Javier Milei junto a su ministro Luis Caputo configuran un escenario que empuja a miles de familias a buscar alternativas por fuera del mercado formal.

A este contexto se suma un crecimiento de la pobreza, el desempleo y el hambre en amplios sectores de la población, lo que agrava aún más la situación social y profundiza las dificultades cotidianas.

Lejos de ser una elección, el regreso del trueque expone una realidad crítica: cada vez más personas no logran cubrir sus necesidades básicas con dinero. En ese contexto, resurgen redes comunitarias que apelan a la solidaridad como respuesta a una política económica que, según cuestionan distintos sectores, profundiza la desigualdad y la exclusión.

Así, lo que alguna vez fue símbolo de la crisis de 2001 vuelve a instalarse, reflejando el impacto concreto de las decisiones económicas en la vida cotidiana y dejando al descubierto un modelo que no logra dar respuestas a los sectores más golpeados.

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