05 Agosto 2026

A una parte de la sociedad le sembraron un odio tan profundo que ya no alcanza con discutir ideas o analizar hechos. Ese enojo permanente, alimentado durante años por sectores del poder económico, dirigentes políticos y comunicadores, llevó a muchos a rechazar cualquier logro solo por quién lo impulsó.

Se repite como un mantra: “se robaron todo”. Pero pocas veces se hace una pausa para preguntarse quién llevó adelante obras y políticas públicas que hoy siguen salvando vidas.

Si vos, un familiar o un amigo enfrenta un diagnóstico de cáncer en la Patagonia, ¿te preguntaste quién impulsó la construcción de los centros de medicina nuclear que hoy permiten acceder a tratamientos de alta complejidad sin recorrer miles de kilómetros? Esa iniciativa fue puesta en marcha durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, como parte del Plan Nacional de Medicina Nuclear.

El odio no cura enfermedades, no construye hospitales ni mejora la vida de la gente. Solo impide reconocer la realidad cuando los hechos contradicen el relato. Tal vez sea hora de dejar de repetir consignas y empezar a valorar las políticas públicas por sus resultados y no por el nombre de quien las impulsó

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